Lo cierto es que tengo una lista impostergable de "grandes amores de mi vida" que tiene la intensidad de un cometa y hasta a veces con duración y efecto prolongado. Para dar ejemplos, podría contar que en lo que va de este año -porque sería injusto para la vista de cualquier lector que me ponga a enumerar amores de mi vida entera- varios fueron los destinatarios de las ondas afectuosas que mi corazón ha lanzado y continúa haciéndolo.
Víctima de estas ondas fue Carlitos Tévez. Este macaco deformado logró que mi órgano vital palpitara con fuerza cuando se presentaba contagiosamente bailando un ritmo pegadizo en el spot de Frávega. Sinceramente a veces no comprendo bien las razones de mi amor por él, pero es claro que uno de los motivos es su gestualidad, su carita de tímido, sus ropitas anchas y esas patas torcidas.
La misma suerte corrió Germán Paoloski cuando se hizo cargo del noticiero de medianoche de Telefé. Descontracturó tanto mis madrugadas y hasta me hizo reír en reiteradas ocasiones; lo cual es importante porque yo no soy de reírme mucho y menos con desconocidos (?). Mi afán y amor por el muchacho de melena sedosa aunque un tanto molesta a la visual pacata, hizo que googleara imágenes en búsqueda de las peores muestras de piel. Fue en vano, abandoné esta calentura y me aboqué a Cobos.
El vicepresidente de la Nación ganó popularidad luego de la renombrada noche en que en la Cámara Alta dio un voto que marcaría de por vida su perfil. Sin embargo, yo me enamoré de él un mediodía cuando visitó a Mirtha Legrand y hablaba un poco escandalizado sobre su impertinente imitación en Gran Cuñado. Lo amé mientras duró el almuerzo y lo vuelvo a hacer cuando lo veo por la tele. Planeo anotarme a una maratón sólo para tenerlo cerquita, o bien podría pedirle una entrevista con una excusa periodística. Veremos.
Cuando se trata de hombres con edades un tanto distintas que la mía, se lleva el premio mayor Julio Chávez que lo amo sin códigos y soy de él. Con Julio -incluso puse su nombre al primer dildo de una amiga- me pasó algo raro ya que nunca en mi vida lo había visto actuar, jamás, y fue en "Tratame bien" que mi corazón le dio riendas sueltas a los sentimientos. A él le soporto que esté con poco pelo, que tenga panza y camine torcido. Le perdono que sea desmesurado, gritón y tan cabrón, quien me dice y en una de esas es de dar nalgadas y me saco la grande.
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