Concluir el domingo viajando en el 152 bajo los efectos de un porro hermoso, le está dando sentido a todo el resto de la semana.
En unas horas, comienzo a laburar en la redacción de una revista de ciclismo y suena sospechoso si tengo en cuenta que no sé nada del tema y que cuando veo un grupo de ciclistas por las calles o rutas, automáticamente pienso en que esa gente debería estar cumpliendo tareas comunitarias para algún municipio triste del interior.
Mahoma tenía razón.
Aunque dudo que Mahoma haya aconsejado fumar yuyos y flashear sobre la profundidad de la vida en un colectivo.
(Mentira, Mahoma veía montañas moverse)
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Bordeline
Ando iracundo y tengo mis motivos. Además el año no podía terminar de otra manera si me baso en los meses que fueron pasando.
Mi desdicha comenzó la noche de domingo mientras viajaba en colectivo y tras presenciar una disputa entre jovencitos desprolijos y un regordete chofer, los primeros lanzaron un petardo al bajarse del carro.
Es obvio, obvio, obvio mal, que el cohetito reventó al lado de mi pierna que estaba semi desnuda gracias a mis preciosas bermudas. El resultado: unas pequeñas quemaduras en la pierna y en la cintura (que no se cómo no se arruinó mi genial chomba). Sordera, mucha sordera.
La semana prosiguió normal: me la pasé morfando; tapando angustia con comida que viene sobrando del 24 y 25, más las que se fueron adquiriendo en el chino amigo. Sin embargo hoy tuve mi momento de estabilidad y me dije: "loco, pará, controlate, dejate de joder un poco con la comida que estás divino, no la cagues (?)" y me dirigí con un ímpetu terrible a la heladera, pero al cajón de frutas. Ahí estaban escondidos, entre las manzanas y naranjas, dos riquísimos mantecoles y se sabe con precisión que fue lo que tomé.
Entonces, se suman mis heridas y la gula. El resultado es ira. Me enoja todo y el techo fue hace instantes cuando me harté del árbol de navidad y decidí armarlo de nuevo para dejar atrás el mamarracho que habían hecho con semejante árbol nuevo que compramos. La imagen no es muy buena, era yo arrastrando al pino de plástico a mi cuarto a las puteadas. Las luces que eran nuevas ahora están en la basura, porque lógicamente las arranqué a los manotazos.
Ahora respiro, quedó re paquete, pero no sé cuanto me va a durar la paz. O la saciedad, no sé, no sé.
Mi desdicha comenzó la noche de domingo mientras viajaba en colectivo y tras presenciar una disputa entre jovencitos desprolijos y un regordete chofer, los primeros lanzaron un petardo al bajarse del carro.
Es obvio, obvio, obvio mal, que el cohetito reventó al lado de mi pierna que estaba semi desnuda gracias a mis preciosas bermudas. El resultado: unas pequeñas quemaduras en la pierna y en la cintura (que no se cómo no se arruinó mi genial chomba). Sordera, mucha sordera.
La semana prosiguió normal: me la pasé morfando; tapando angustia con comida que viene sobrando del 24 y 25, más las que se fueron adquiriendo en el chino amigo. Sin embargo hoy tuve mi momento de estabilidad y me dije: "loco, pará, controlate, dejate de joder un poco con la comida que estás divino, no la cagues (?)" y me dirigí con un ímpetu terrible a la heladera, pero al cajón de frutas. Ahí estaban escondidos, entre las manzanas y naranjas, dos riquísimos mantecoles y se sabe con precisión que fue lo que tomé.
Entonces, se suman mis heridas y la gula. El resultado es ira. Me enoja todo y el techo fue hace instantes cuando me harté del árbol de navidad y decidí armarlo de nuevo para dejar atrás el mamarracho que habían hecho con semejante árbol nuevo que compramos. La imagen no es muy buena, era yo arrastrando al pino de plástico a mi cuarto a las puteadas. Las luces que eran nuevas ahora están en la basura, porque lógicamente las arranqué a los manotazos.
Ahora respiro, quedó re paquete, pero no sé cuanto me va a durar la paz. O la saciedad, no sé, no sé.
Fran en el Maipo
Entre las responsabilidades académicas y el amor, también hay tiempo -poco- para ser parte de gloriosos eventos como la última sesión de Sesiones Imperial (valga más que nunca la redundancia) Esta vez para deleitarme con un Fito Paez que maduró su música, su imagen y por sobre todas las cosas, un Fito que decidió decirle NO a las rimas en las canciones. Sabio, muy sabio.
La noche no pudo tener mejor resultado de momento que estaba Mi Señora presente, un Teatro Maipo agolpado por una muchedumbre enardecida por el rock idol, un escenario cálido y un piano manipulado con gusto. Imaginense si a todo eso le sumamos una cerveza bien ámbar en una noche calurosa en Buenos Aires... sin palabras. Me mojo todo.
Lamentablemente sacamos fotos feas pero que dan señales de lo próximos que estuvimos al escenario... aunque somos tan idiotas que nos perdimos conocer a Fito en persona en un encuentro muy VIP y todo por irnos corriendo a comer algunas hamburguesas tercermundistas.
Así estamos.
La noche no pudo tener mejor resultado de momento que estaba Mi Señora presente, un Teatro Maipo agolpado por una muchedumbre enardecida por el rock idol, un escenario cálido y un piano manipulado con gusto. Imaginense si a todo eso le sumamos una cerveza bien ámbar en una noche calurosa en Buenos Aires... sin palabras. Me mojo todo.
Así estamos.
Calor humano
Anoche se me sentó al lado un tipo en el bondi.
El tipo estaba más borracho que la mierda.
Se durmió.
Por Chacarita se despertó y empezó a preguntarme a los gritos si eso era Saavedra, si eso era Saavedra y si eso era Saavedra.
No, señor, Chacarita.
Chacarita, le digo.
Se durmió.
Roncaba un poco.
Se me venía encima.
Cada vez más.
Me apoyó la cabeza en el hombro.
Le dije "¡por favor!".
"Mssi msi perdwon", dijo.
Siguió encima mío un rato más pero lo dejé porque hacia frío.
El colectivo dobló mal y el chabón, que largaba terrible olor a vino caldeado por el aire espirado, se cayó.
Se cayó fulero mal eh.
Se levantó y me dijo: Chacarita, ¿no?
No, Saavedra.
Y se bajó. Como pudo.
El tipo estaba más borracho que la mierda.
Se durmió.
Por Chacarita se despertó y empezó a preguntarme a los gritos si eso era Saavedra, si eso era Saavedra y si eso era Saavedra.
No, señor, Chacarita.
Chacarita, le digo.
Se durmió.
Roncaba un poco.
Se me venía encima.
Cada vez más.
Me apoyó la cabeza en el hombro.
Le dije "¡por favor!".
"Mssi msi perdwon", dijo.
Siguió encima mío un rato más pero lo dejé porque hacia frío.
El colectivo dobló mal y el chabón, que largaba terrible olor a vino caldeado por el aire espirado, se cayó.
Se cayó fulero mal eh.
Se levantó y me dijo: Chacarita, ¿no?
No, Saavedra.
Y se bajó. Como pudo.
Piedad
Es común oír que los días de incesante lluvia inspiran a las personas a las más variadas manifestaciones de sensaciones personales. Están esos que se deprimen y consideran viable y permitido comer hasta sentir que no les cabe más el aire en el cuerpo y, a esto le suman, encerrarse a ver una trillada comedia romántica que la TV por cable ofrece a modo de regalo, mientras oyen como telón de fondo a una copiosa lluvia que ayuda a materializar las locas ideas del amor.
Otros duermen, apenas asoman la mirada a la calle y ni hablar de salir de sus cuevas a enfrentar el frío y la humedad. También están los no tienen otra alternativa más que salir a la vida, ya sea por obligaciones profesionales, de estudio o de otra índole.
Sin embargo, haciendo contraposición a lo analizado brevemente, están aquellos que consideran propicio salir a mojarse no importa cuál sea la excusa. En estas actividades se pueden oír frases estereotipadas como que la lluvia sólo moja, que es una bendición, que sólo es agua, que no pasa nada. No, claro que no.
Bueno, hoy me crucé en un 99% con seres que están clasificados en esta última y aberrante agrupación. Seres absolutamente indeseable. Seres que caminan con grandiosos paraguas y para colmo por debajo de los techitos que brindan la construcción edilicia de la ciudad. Seres que, con enormes botas y pilotos, te llevan por caminos donde naturalmente vas a terminar pisando vos el charco. Seres que suben al colectivo y se sacuden como si sólo ellos existieran. Seres llenos de egoísmo y adoración inentendible por joder la vida ajena.
Yo hoy se las dejé pasar porque estoy re zen, re ohm, re top; pero la próxima les meto el paragua de $5 que compraron en la entrada del subte en el orto y se los abro a la fuerza hasta que me pidan clemencia y juren por la virgen no salir más de sus casas cuando caiga una gota del cielo.
Será justicia.
Otros duermen, apenas asoman la mirada a la calle y ni hablar de salir de sus cuevas a enfrentar el frío y la humedad. También están los no tienen otra alternativa más que salir a la vida, ya sea por obligaciones profesionales, de estudio o de otra índole.
Sin embargo, haciendo contraposición a lo analizado brevemente, están aquellos que consideran propicio salir a mojarse no importa cuál sea la excusa. En estas actividades se pueden oír frases estereotipadas como que la lluvia sólo moja, que es una bendición, que sólo es agua, que no pasa nada. No, claro que no.
Bueno, hoy me crucé en un 99% con seres que están clasificados en esta última y aberrante agrupación. Seres absolutamente indeseable. Seres que caminan con grandiosos paraguas y para colmo por debajo de los techitos que brindan la construcción edilicia de la ciudad. Seres que, con enormes botas y pilotos, te llevan por caminos donde naturalmente vas a terminar pisando vos el charco. Seres que suben al colectivo y se sacuden como si sólo ellos existieran. Seres llenos de egoísmo y adoración inentendible por joder la vida ajena.
Yo hoy se las dejé pasar porque estoy re zen, re ohm, re top; pero la próxima les meto el paragua de $5 que compraron en la entrada del subte en el orto y se los abro a la fuerza hasta que me pidan clemencia y juren por la virgen no salir más de sus casas cuando caiga una gota del cielo.
Será justicia.

