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El loco de la farmacia II

Acto seguido me senté y me puse a pensar. Seguramente este muchachito no se había dado cuenta de lo que estaba haciendo porque con lógica yo iba a volver a llamar; pero antes que eso sucediera me dediqué a pensar muy bien el contraataque, articular bien en mi mente cuales palabras podrían ser útiles para el bombardeo oral y razonar cada posible ataque por parte del enemigo. Llegó un punto en que tenía todas las respuestas y todas las armas listas para volver a llamar, pero para todo esto, ya había pasado media hora y realmente mi nivel de calentura había cedido lo suficiente como para dejar pasar el día.

Entonces, como quien no quiere la cosa, me preparé el mate. En la bandeja puse la pava, la azucarera y el mate. Me hice un sandwich de jamón y queso y lo dejé también en la bandeja. Antes de irme a mi habitación, le entré a unas masitas de manteca; y cuando me senté frente a mi PC, con todo listo, sonó el teléfono casi interrumpiendo el nuevo disco de Norah Jones, que me vuelve loco.

Yo:
- ¿Hola?- dije casi distraidamente.
Voz:
- Sí, ¿farmacia?

Y corté enardecido, con todas las venas de la cabeza infladas y el pulso a 7 mil por minuto. Llamé a la farmacia, naturalmente:

Yo:
- Sí soy yo, al que le cortaste recién cuando te estaba contando mi problema con el número de teléfono que es igualiiiiiito al de la farmacia- le dije con todo el amor del mundo.
Empleado:
- Sí y yo te corté porque me parecía insensato lo que me estabas pidiendo- dijo el atrevido ese.
Yo:
- y me dijiste "enfermo", lo cual es redundantee viniendo de vos- manteniendo la calma.
Empleado:
- bueno, te corto de nuevo.-
Yo:
- no espero otra cosa de vos, pero sabé que esto no queda así, ya mismo voy a prenderte fuego esa choza ilegal... ¡¿HOLA?!-

Automáticamente pensé, nadie hace esto dos veces y vive para contarlo. Nadie.

El loco de la farmacia

Tener una línea telefónica en el hogar implica un juego de comunicaciones constantes entre las cuales aparecen las catalogadas como "equivocadas". Este tipo de llamadas con un interlocutor desconocido pueden tener diferentes contenidos y siempre, pero siempre, estarán presentes. Algunas son recurrentes, otras novedosas y algunas son casi exclusivas.

En casa, desde hace poco más de 3 años, recibimos siempre llamados de personas que intentan comunicarse con una farmacia y en este tiempo fuimos conociendo gente que ante un "hola" disparaban inescrupulosamente pedidos como "sí, bueno, quería ibuprofeno o diclofenac, algo porque no doy más..."; o "el envío aun no llegó ¿sabe? hace más de una hora que lo pedí...", etc. También están los que necesitan legitimar el espacio cuando uno levanta el tubo y saluda: "¿farmacia?", "hola, farmacia...", "¿farmacia, no?", etc.
Más allá de los modos, lo sabido es que esta casa funciona como una sucursal pirata de esa farmacia y no ha pasado un solo día que no recibamos un inquietante llamado en una siesta para preguntarnos si esta era la farmacia.

Incluso, me ha pasado de llamar a mi casa desde la calle y que me atendiera algún empleado insolente de la farmacia; cosa que es inverso y hasta algo gracioso. El tema es que pensamos en cambiar nuestro número, pero es tan lindo que no podríamos desprendernos de él... así que hoy me armé de valor y llamé al local que tiene un dígito de diferencia con mi número de teléfono.

Yo:
- (...) Bueno, ese es el problema. Necesito que cambies el número porque en esta casa no se puede dormir la siesta.-
Empleado:
- Lo que pasa, estoy seguro, es que la razón fueron unos imanes que se hicieron hace tiempo y el número estaba equivocado. No era.-
Yo:
- Pero el problema viene de años...-
Empleado:
- Es que algunos se siguen repartiendo, o incluso están en las bolsitas...-
Yo:
- Me estás cargando.-
Empleado:
- En lo absoluto, no lo cambiamos porque de todos modos son pocos los clientes con el número equivocado. Perderíamos más dinero haciendo todo de nuevo.-
Yo:
- Vos no me entendiste, te llamo para que cambies el número.-
Empleado:
- ¡Cambialo vos, enfermo!- y se oyó casi en alta definición un click.

Me cortó.

Me cortó, o sea, ¿alguien se da cuenta de eso?

Piedad

Es común oír que los días de incesante lluvia inspiran a las personas a las más variadas manifestaciones de sensaciones personales. Están esos que se deprimen y consideran viable y permitido comer hasta sentir que no les cabe más el aire en el cuerpo y, a esto le suman, encerrarse a ver una trillada comedia romántica que la TV por cable ofrece a modo de regalo, mientras oyen como telón de fondo a una copiosa lluvia que ayuda a materializar las locas ideas del amor.

Otros duermen, apenas asoman la mirada a la calle y ni hablar de salir de sus cuevas a enfrentar el frío y la humedad. También están los no tienen otra alternativa más que salir a la vida, ya sea por obligaciones profesionales, de estudio o de otra índole.

Sin embargo, haciendo contraposición a lo analizado brevemente, están aquellos que consideran propicio salir a mojarse no importa cuál sea la excusa. En estas actividades se pueden oír frases estereotipadas como que la lluvia sólo moja, que es una bendición, que sólo es agua, que no pasa nada. No, claro que no.

Bueno, hoy me crucé en un 99% con seres que están clasificados en esta última y aberrante agrupación. Seres absolutamente indeseable. Seres que caminan con grandiosos paraguas y para colmo por debajo de los techitos que brindan la construcción edilicia de la ciudad. Seres que, con enormes botas y pilotos, te llevan por caminos donde naturalmente vas a terminar pisando vos el charco. Seres que suben al colectivo y se sacuden como si sólo ellos existieran. Seres llenos de egoísmo y adoración inentendible por joder la vida ajena.

Yo hoy se las dejé pasar porque estoy re zen, re ohm, re top; pero la próxima les meto el paragua de $5 que compraron en la entrada del subte en el orto y se los abro a la fuerza hasta que me pidan clemencia y juren por la virgen no salir más de sus casas cuando caiga una gota del cielo.

Será justicia.

Disparame II

Yo:
- ¡Noooo! No te doy nada, estás loco - Le dije con el entrecejo apretado y los ojos dilatados de la adrenalina ocasionada, mientras le tironeaba el aparatito para mi lado nuevamente.

No puedo describir por qué ese rapto de rebeldía salió de mi, pero claramente estaba en presencia de la Pomba Shira poseyéndome. Cuando le pegué el manotazo en su mano (me animo a decir que el bife hizo eco dentro del garage que nos servía de fondo), el chorro amateur pegó un saltó que lo desequilibró de su postura violenta. Ahora no entendía nada, sólo estaba parado frente a mí pidiendo -como si eso fuera a darle resultado- que le dé algo... Además, lentamente comenzó a esconder eso con que me apuntaba.

Yo:
- Estás loco ¿no ves que viene la policía? No seas boludo, no seas tonto, dejá de hacer lío, andate - Le decía con nervios a modo de susurro y así como él me había reprimido oralmente en los primeros segundos, ahora era yo quien lo acorralaba entre la pared del bien y del mal (?)

Yo:
- ¡Andate por favor! - En ese entonces, no sé por qué ya tenía las llaves de mi casa en la mano y se las enseñaba como si fuera prueba irrefutable de seguridad vivir ahí nomás - ¿No ves que vivo acá? ¡Andate que viene la policía!
Chorrito:
- Bueno ¡picátelas! - Y mirándome con los ojos extrañados, con la boca (que ahora se le veía) entreabierta de la ansiedad, se marchó lentamente tras un confundido trote sin volver sobre si.

Envuelto en ladridos de perros, de miles de perros que habían captado el quiebre de silencio normal que en la cuadra había hasta que el flaco éste quiso asaltarme, me quedé mirando como se iba -cuasi síndrome de Estocolmo-. Ahí estaba yo parado, con las piernas bien derechas y separadas lo suficiente, con los brazos sueltos, en una mano el Ipod con los auriculares colgando y en la otra el llavero con mi enorme vaquita de San Antonio (a la que le falta una pata) Cuando reaccioné caminé los metros que me faltaban para llegar a casa y reparé en que no me viera entrar para que no supiera donde vivo.

Al entrar, aparece mi hermano informando:
- Che, el perro te destrozó la Paparazzi - Y ahí casi me pongo a llorar.

Disparame

Mientras mi padre pasaba contagiosamente datos para contratar el servicio de emergencias, yo me mantenía a su lado haciéndole terribles muecas, plasmando con el cuerpo amenazas explícitas de muerte y demás sutilezas. Cuanto cortó la conversación traté de hacerle entender que no podíamos estar contratando "eso" cuando tenemos otros gastos, otras prioridades, otros pozos por tapar.
La verdad es que mucha bola no me dio y además yo estaba yéndome.

Yo cuando estoy "raro", me pasan cosas más raras aun; como que se corté la luz en la calle donde camino, como que se le queme otra luz al bondi, como encontrarme una vieja indigente modular cosas inentendibles y como llegar tarde a casa y que a 10 metros de mi hogar me intenten asaltar.

La sensación de estar caminando y sentir que de golpe algo viene corriendo detrás de uno escupiendo cosas que no se comprenden, es fatal. Cuando sentí todos esos pasos juntos -sabía que en algún momento eso me ocurriría y el plan era correr sin mirar para atrás- me di vuelta sintiendo que el corazón se me hundía fuertemente en el pecho, las piernas se paralizaban y los ojos querían salirse. No puedo explicar mucho qué sucedió ni que me decía, pero el joven espigado -al que solamente se le veían los ojos- me apuntaba con algo y con desesperación intentaba reducirme gritando cosas como "dame todo o te disparo", "dame todo, dale" y "dale, dale loco, dale". Yo seguía sin moverme.

Chorrito:
- Dametodonomeoís? Dameelcelulá
Yo:
- No tengo - le respondí mientras intentaba adivinar con qué me estaba apuntando, un arma no era.
Chorrito:
- Quénovaatenécelulá... ¿Queré que te dispare, eh? ¿Queré?
Yo:
- Disparame - alejándome un poco, tomando la poca valentía que en ese momento tuve - mejor disparame.
Chorrito:
- ¿Ahqueréquetedispare?
Yo:
- No, no, pará flaco -y comencé a acercarme de nuevo a él, ya con las manos agarrándome la cabeza de los nervios, pensando que "eso" podría ser un arma y que si un tiro salía, quizás no la contaba.

Ahí, el pobre pibe me metió la mano con una violencia inusitada en el bolsillo del canguro negro atraído por una leve aparición del Ipod y en esa fracción de segundo yo pensaba "qué garrón, con lo que me gusta este aparatito". Entonces hubo un click: me transformé en mi madre y le pegué un chirlo en la mano.

Continuará...

Comicios

Se venían las votaciones y yo sabía que algún problema iba a tener con mi DNI porque no es que esté hecho mierda, todo lo contrario, está en perfecto estado, las hojas sin la más mínima arruga, el domicilio legible pero nunca actualizado y un "estuche" indicado para tal contenido. Lo que mi DNI tiene de malo es que casi no se lee mi nombre. Nada más y nada menos, lo sé.
Nadie puede dar fe de lo que hablo porque nadie conoce mi DNI, nadie pudo ver más que el plástico que cubre el documento, y es por ello que mi nombre podría ser una mentira, quizás tenga más años y lo que la foto muestra, naturalmente, podría ser fotograma de la mejor película de terror.
Ni tanto.

El domingo fui a votar y, como era sabido, tuve que hacer valer mi DNI sin nombre, explicar que no tengo tiempo -mentira-, que el adhesivo protector se chupó la tinta que formaba mi gracia -verdad- y que no me jodan, por el amor de Dios.

Fiscal de mesa:
No, pero no se ve tu nombre, no podés votar así.
Yo:
Sí puedo, siempre voto así. Aparte te puse el registro para que veas que soy yo.
Presidente de mesa:
Mirá no, no podés votar. Tenés que ir a la comis...
Yo:
Mirá, yo tengo que ir a laburar; me meto en esta escuela llena de gente con barbijos, gasto guita de más en viaje y ¿no puedo votar porque APENAS está borrado mi nombre?
Fiscal y Presidente de mesa:
(balbuceando) es que, no, es que si, es que bueno, pero no, es que no, no, sí...
Yo:
¡Mirá! Yo vengo a votar cuando me van a terminar estafando como se supone que pasa siempre, no vengo a pedir un crédito para comprar una casa. ¿Puedo votar e irme?
Presidente de mesa:
Bueno, pero dejá el bolso acá
Yo:
(ya dentro del cuarto oscuro) Ni loco, aparte acá tengo la plasticola para cerrar el sobre.
Fiscal:
Pero podés robar boletas...
Yo:
Sí, me las voy a llevar todas.

Salí del cuarto oscuro y de las 6 personas que estaban sentadas en la mesa (si mal no conté), 4 estaban mirándome fijo y con el barbijo puesto.
No me crucen un domingo a las 9 am. No me crucen.